Hubiera creído cualquier otra cosa absurda que dijeras, pero fue eso de
"puedes follarte a cualquiera pero no darle la mano a cualquiera".
Y a mi me gustaban tus manos.
Siempre tuvieron el pulso suficiente para recomponer el destrozo que soy en apenas un par de segundos y por eso me siguen pareciendo inofensivas, aún habiendo tenido entre ellas todo lo necesario para joderte a lo grande.
Me gustaba seguir sus venas, que siempre llevan a alguna parte y a veces aún me gusta echarlas en falta.
Las menos.